Odebrecht, el antipersonaje del año en América Latina

Rafael Croda

25 de diciembre de 2017


BOGOTÁ (proceso.com.mx).- Nunca antes un escándalo de corrupción había tocado a tantos países y a personajes políticos y empresariales de tan alto nivel en la región como la trama de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht.

El caso, que estalló justo hace un año, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló detalles del modus operandi de Odebrecht en 12 países, es el antipersonaje del 2017 en la región.

Y lo es, por el lodazal que ha destapado en las naciones involucradas y por los ominosos retrasos, obstáculos y falta de decisión que han enfrentado las investigaciones en países como México y Venezuela, los más rezagados en el esclarecimiento de las redes de corrupción que tejió la firma brasileña.

Odebrecht es el antipersonaje del 2017 en la región no sólo documentó lo que millones de ciudadanos sospechaban: que el grado de corrupción político-empresarial que afecta a Latinoamérica en su conjunto es inaudito.

También, porque al mismo tiempo dejó en claro que, dentro la proclividad latinoamericana a la transa con los dineros públicos siempre hay unos países donde se transa más que en otros y donde los sistemas de procuración e impartición de justicia gozan de mayor autonomía, o de mayor sumisión a los poderes político y fácticos.

México y Venezuela, dos de los países más corruptos de Latinoamérica, son en los que las autoridades nacionales menos han avanzado en las investigaciones a pesar de los lapidarios testimonios de exejecutivos de Odebrecht contra personajes de muy alto nivel.

En México, a Emilio Lozoya, exdirector general de Pemex y excoordinador internacional de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012, y en Venezuela al número dos del régimen Diosdado Cabello y al propio presidente Nicolás Maduro.

Resulta sintomático, sin embargo, que México y Venezuela, dos de los países más corruptos y con más altos niveles de impunidad en la región, es en los que las investigaciones muestran menos avances.

Mientras en Perú el presidente Pedro Pablo Kuczynski debió comparecer ante el Congreso el pasado jueves para someterse a una votación en la que se decidiría su destitución –de la que finalmente se salvó– por la acusación de haber recibido 4.8 millones de dólares de Odebrecht por unas consultorías, en México ha sido la prensa la que ha profundizado en la investigación, no la PGR.

Periodistas de El Quinto Elemento Lab revelaron testimonios de tres exejecutivos de Odebrecht que dijeron, en declaraciones juradas, que Lozoya recibió sobornos por 10 millones de dólares entre 2012 y 2016 por ayudarles a obtener contratos.

En Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Argentina, Panamá y República Dominicana testimonios de exejecutivos de Odebrecht han sido la base para procesar penalmente o investigar a presidentes, ex presidentes, un vicepresidente, ministros, exministros y funcionarios de primera línea.

En México, donde los testimonios involucran una transferencia por 1.5 millones de dólares a una cuenta vinculada a Emilio Lozoya durante la campaña de Peña Nieto, todo ha quedado en tímidas indagatorias.

En Venezuela, ningún funcionario judicial ha mencionado siquiera a Diosdado Cabello o al presidente Nicolás Maduro en el marco del caso Odebrecht.

Esto, a pesar de que la fiscal general venezolana Luisa Ortega Díaz ha dicho que la investigación de los sobornos que pagó en su país la constructora brasileña “involucra al señor Nicolás Maduro y su entorno” y de que aseguró que Cabello recibió 100 millones de dólares de Odebrecht.

Los principales avances en las investigaciones de ese caso han ocurrido en países latinoamericanos donde las fiscalías o procuradurías no dependen del Ejecutivo, como en México, sino que son organismos independientes con un importante grado de autonomía en el desarrollo de sus funciones.

En el ranking 2017 de Transparencia Internacional sobre la corrupción en América Latina, Venezuela aparece como el país más corrupto de la región y México sólo es superado por Haití, Nicaragua, Guatemala y Paraguay.

En el listado del organismo aparecen como los países latinoamericanos menos corruptos Uruguay, Chile, Costa Rica y Cuba. Ninguno de ellos fue tocado, según las investigaciones, por la trama de sobornos de Odebrecht.

Según Transparencia Internacional, que haya o no corrupción depende de la fortaleza de las instituciones democráticas.

La saga de Odebrecht no ha terminado de escribirse. De hecho, durante 2018 seguirá ocupando un lugar central en la agenda mediática de la región. Pero durante 2017 el caso Odebrecht fue, por méritos propios, el antipersonaje latinoamericano del año.