Corrupción en la clase política vuelve precaria la pacificación en México: NYT

Luciano Campos Garza

8 de enero de 2018


MONTERREY, NL (apro).- Luego de un pasado reciente de violencia, algunas ciudades de México han podido ser pacificadas, aunque su estabilidad es precaria debido principalmente al arraigo de la corrupción en la clase política, factor donde se encuentra el principal de los males relacionados con la inseguridad en el país.

Así lo destaca el periódico The New York Times (NYT) en su edición de este lunes, donde se muestra particularmente severo con la capital regiomontana al señalar que el actual gobernador con licencia, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, permitió que se colapsaran los avances que se habían conseguido en materia de seguridad en la gestión del priista Rodrigo Medina.

El artículo, que aparece anunciado en portada, refiere que el inicio del cese de la violencia en esta ciudad ocurrió a propuesta de la iniciativa privada, y precisa que fue José Antonio Fernández, jefe de la poderosa empresa Femsa, quien dio el primer paso al comunicarse con el entonces mandatario priista Rodrigo Medina.

En entrevista con el enviado del NYT, el asesor de seguridad Jorge Tello refiere que el empresario externó su preocupación por un operativo criminal ocurrido en 2010 en el exterior de un colegio particular al que asisten los hijos de los magnates asentados en esta capital.

Luego de ese intento de secuestro, que terminó con dos escoltas muertos, Medina se reunió con el Grupo de los 10, un núcleo que integra a los principales hombres de negocios de la entidad, quienes propusieron refundar la policía, financiándola, y para ello contrataron asesores de seguridad que establecieron lineamientos para el trabajo de la nueva corporación, Fuerza Civil, destaca el rotativo.

“En lugar de eliminar instituciones, la elite de negocios de Monterrey se encargó de ellas, con la bendición de sus amigos y compañeros de golf instalados en las oficinas del servicio público”.

El reporte sostiene que el crimen, luego de la tensión de años, bajó notablemente en toda la capital, y hasta los líderes en áreas empobrecidas señalaban que sus calles eran más seguras y que había renovada confianza en la policía.

“La experiencia de Monterrey ofrece evidencia de que en México la violencia es sólo un síntoma, que la verdadera enfermedad es el gobierno. Los corporativos pusieron a las corporaciones en cuarentena, pero sin tratamiento para la enfermedad, la cuarentena se rompió”, precisa.

Sin embargo, pese al esfuerzo, este “progreso alguna vez notable se está colapsando. El crimen regresa”, abunda la nota, centrándose en el análisis de Tello, quien señala que quizás se ha perdido el control de la ciudad y es tarde para recuperarlo.

Sin mencionarlo por su nombre, se explica que el nuevo gobernador, que llegó al poder en 2015, dejó las reformas de seguridad suspendidas y colocó a sus amigos en posiciones estratégicas.

“Ahora el crimen y reportes de brutalidad policiaca resurgen particularmente en los suburbios de la clase trabajadora. Los líderes empresariales, que viven en vecindarios exclusivos, permanecen seguros, se han abstenido de presionar al nuevo mandatario”.

En entrevista para el periódico, el exprocurador y actual alcalde Adrián de la Garza señala que cualquier ciudad del país está bajo la supervisión de los niveles municipal, estatal y federal, y por cualquiera de estas vías puede descarrilarse el progreso, sea por corrupción, amiguismo o negligencia.

La nota del NYT también hace referencia l municipio michoacano de Tancítaro, capital mundial del aguacate, a la que considera una isla de seguridad y estabilidad en medio del mayor período de violencia en la historia de México.

Sin embargo, apunta, la tranquilidad en ese sitio es tensa y puede romperse en cualquier momento a causa de las milicias, que rinden cuentas sólo a sus patrones.

Sobre el municipio de Nezahualcóyotl, en el Estado de México, resalta que en algún tiempo hasta los policías eran asaltados por los ciudadanos, pero ahora es un sitio más seguro pese a las dificultades. La causa: un modelo policiaco que va a la inversa del usado en Monterrey.

En el municipio mexiquense, puntualiza, en lugar de establecer un modelo policiaco influido por la política, es el sistema político el que influye en la policía, además de que hay una rotación constante de personas, un escrutinio permanente, y se despide a los corruptos.

Sin embargo, añade, la tranquilidad se puede disolver fácilmente, en parte por los cambios de alcaldes en áreas cercanas.

Y, a manera de conclusión, el reportaje sostiene que la crisis de violencia en el país ocurre por la debilidad y la corrupción del Estado mexicano.